Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría...
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tú que le diste a ella
su frescura de lluvia y esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío:
yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?
Trataré de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar el simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa
como quien lo da todo, dando tan poca cosa...
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
ella no fue culpable, Señor... ni yo tampoco
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me diste los ojos para mirarla a ella.
Sí, nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar
y si es culpa de un río cuando corre hacia el amar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella,
que tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre.
Intro: Esta semana leí un POST de Mujer Rota
que me recordó algo que escribí hace tiempo ya, y por eso le dejé una pequeña frase...
Para mi sorpresa navegando de nuevo por su blog, publicó un POST muy lindo, y quiero ahora escribir algo para seguir el hilo con parte de lo que ya tenía, y algo nuevo que me inspiró , a ver si les gusta. Algo que creo bonito.
Quisiera conjugar un verbo con alas,
que vuelen palabras de lo que siento,
conjugar en un pasado lo que pudo ser perfecto,
y sentir en un presente lo que quiero sentir.
Quisiera ser un verbo con alas,
y de tu boca volar,
que conjugues mi futuro,
y acentúes mis ideas.
Quisiera sentir un verbo con alas,
imaginar que lo ves conmigo,
poner en palabras lo que imagino,
y escribirlo para tí.
Quisiera conjugar un verbo con alas,
y hacer una regla para cada sentimiento.
Quisiera equivocarme con tu verbo,
y dejarte corregirme, y equivocarme una vez más.
Se mi verbo, conjúgate para mí.










